Un perro, o cualquier animal con el que convivamos debe ser un miembro más de la familia, por ello es importante ser responsable y comprometerse a darle el cuidado, afecto y dedicación que necesita.

Para un niño es algo muy especial crecer junto a un compañero peludo; para que la experiencia sea tan segura como satisfactoria los adultos deberíamos tener los conocimientos y aptitudes necesarias para tal efecto.

1) Debemos enseñarles a nuestros hijos de qué forma deben relacionarse con su amigo perruno, pero también cómo y cuándo interactuar con perros desconocidos va a ser de vital importancia para prevenir posibles conflictos o experiencias negativas.

A los niños les pueden resultar muy atractivos los perros que pasean por la calle, y casi por impulso, se lanzarían a abrazar a cualquiera de ellos. Normalmente, de un principio, no sabemos si los otros canes que pasean por la calle están acostumbrados a niños, si son sociables, si han pasado por un trauma recientemente, no conocemos su experiencia y, por tanto, no sabemos cómo van a reaccionar ante estos acercamientos que, para algunos perros, pueden ser bruscos e incómodos. Por ello, debemos mostrar a nuestros hijos de qué manera deben acercarse, como comportarse en su presencia, como manipularle, cuándo dejarle tranquilo…

2) Ya sea nuestro perro o cualquier otro, es importante no fomentar el miedo hacia el animal. Si por ejemplo el perro está durmiendo, comiendo, está enfermo… son momentos en que tanto niños como adultos debemos dejar tranquilos a los peludos de igual forma que haríamos con nosotros mismos.

3) Cuando tenemos niños y perros, siempre debería estar presente un adulto con el conocimiento y la capacidad de gestionar las situaciones que se vayan dando, y a la vez, aprender juntos de esta nueva relación.

4) Fomentar el cariño y la diversión con nuestro peludo de forma correcta. Ser cariñosos con nuestro perro seguro que es un gesto natural en cualquier familia y no debemos olvidar que los niños aprenden por imitación. Esto significa que será muy importante tener en cuenta de qué manera hacemos nosotros las cosas, como nos relacionamos con el animal… porque será así como en un futuro no muy lejano lo haga nuestro hijo/a

5) Implicar a los niños en las actividades que hagamos con nuestro perro, en función de su edad y capacidades, enseñando su parte de responsabilidad. Por ejemplo, a un niño no le pediremos que pasee al perro, pero sí le podemos hacer responsable que se fije en que siempre tenga su bol de agua fresca lleno.

Progresivamente, los niños pueden ir aprendiendo a manejar la correa, jugar de forma correcta y llamar al perro.

BENEFICIOS DE UNA BUENA RELACIÓN ENTRE NIÑOS Y PERROS

Podemos encontrar infinidad de estudios científicos, ensayos y artículos que prueban la cantidad de beneficios que aporta tener una mascota durante la infancia. Y no sólo para la salud física, sino también para la salud mental y emocional.

  • Fomenta el sentido de la responsabilidad: y sí, cuando hay un perro en la familia los que nos ocupamos de su cuidado somos los padres, pero el hecho de que haya un perro en casa implica que, de manera inconsciente, los niños adquieran cierta perspectiva. De alguna forma se ven como los protectores y cuidadores del can y si les implicamos en tareas que puedan asumir, como hemos comentado anteriormente, se sentirán motivados y se irán responsabilizando poquito a poco de sus necesidades.
  • Aumenta la autoestima: los perros son animales muy agradecidos y los niños son muy amorosos con los animales por naturaleza propia, esto hace que enseguida se cree un vínculo muy fuerte entre ambos. Esta sensación incrementa la autoestima de los niños.
  • Abrazar a un perro regula el ritmo cardiaco y la presión arterial: además, ayuda a regular el apetito del niño. También se ha demostrado que los niños que se crían con perro, reducen mucho la posibilidad de desarrollar alergias o asma.
  • Evita la vida sedentaria: tener un perro, jugar con él y pasearlo también hace que el pequeño tenga menos posibilidades de tener una vida sedentaria y, por ello, en cierta medida, puede ayudar a evitar la obesidad infantil.

Concluyendo, tener un perro no sólo beneficia a los niños físicamente, sino también emocional y psicológicamente. No hay mejor compañero de aventuras que un perro.

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